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Cuando hablamos de Medio Ambiente, nos estamos refiriendo al entorno que afecta a los seres vivos, abarcando así el conjunto de valores naturales, sociales y culturales existentes en un lugar y un momento determinado, que influyen en la vida del ser humano y en las generaciones venideras, condicionando así su estilo de vida.


Es decir, no se trata sólo del espacio en el que se desarrolla la vida del propio sistema, sino que también comprende a todos sus elementos integradores: seres vivos, objetos, agua, suelo, aire y las relaciones entre ellos, así como valores intangibles desarrollados por ellos mismos, como la cultura.


El desarrollo del propio medio debe conllevar una sostenibilidad del sistema para evitar la degradación y agotamiento de sus recursos, protegiendo a todos sus componentes, y preservando así, la vida eterna del planeta.


"Satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las posibilidades de las del futuro para atender sus propias necesidades."

Informe de la Comisión Mundial sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo (Comisión Brundtland): Nuestro Futuro Común, 1987
Vista de Málaga con nubes

En diciembre de 1992 la Organización de las Naciones Unidas (ONU) decide crear la Comisión para el Desarrollo Sostenible para asegurar un seguimiento eficaz de la histórica Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo de 1992, que se celebró en Río de Janeiro (Brasil) y que se conoce como Cumbre de la Tierra. Tras esta conferencia, que duró tres meses, los líderes de los Estados miembros de la ONU aprobaron el Programa 21, un plan de 300 páginas cuyo objetivo era conseguir el Desarrollo Sostenible.


Por medio de ella, se transmite a los Estados miembros las directrices a seguir, intermediando entre las ideologías liberales y las creencias ecológicas.


Mientras que las políticas medioambientales hacen énfasis en la posibilidad de compatibilizar el crecimiento económico con la preservación del entorno, (consumir menos recursos y generar a su vez menos residuos); algunas ideologías ecologistas más radicales hablan de las opciones de crecimiento cero, y la aplicación estricta del principio de precaución, que consiste en dejar de realizar determinadas actividades productivas mientras no se demuestre que no son dañinas.

Otros ecologistas defienden el decrecimiento económico, cuidando al medio ambiente con la reducción de la producción, y con ello, las marcas de huella ecológica.


Lo cierto es que actualmente estamos por encima de la capacidad de regeneración natural del planeta, prevaleciendo el crecimiento de la actividad económica por encima de la sostenibilidad de los recursos naturales necesarios.


El reto para la sociedad actual: vivir mejor con menos.


Proyecto promovido por:

fundación mujeres y tecnología eniac

Proyecto apoyado por:

diputación de málaga